Un Día con Adolfo Pérez Esquivel

0001iLuego de un demorado y extenuante viaje de once horas desde Capital Federal, recibimos a la madrugada en el aeropuerto de Trelew al Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. Gracias a la organización del Foro Ambiental y Social de la Patagonia, especialmente la sede Puerto Madryn, pudimos compartir una jornada completa con este ser humano excepcional, luchador incansable de las causas de los pueblos y símbolo universal en la defensa de los derechos humanos. Cálido, sencillo y fraternal, Adolfo nos invitó con sus palabras y su pensamiento a reflexionar sobre los problemas de nuestra América profunda y las verdaderas razones que llevaron a nuestros pueblos a la opresión, las dictaduras, la miseria, las desigualdades sociales y el despojo de los bienes comunes. Llegó acompañado de su esposa, la compositora Amanda Guerreño y del artista visual Juan Varni.
A las nueve de la mañana del jueves primero de abril brindó una charla abierta a la comunidad con la participación de numeroso público que se reunió en la Sede Trelew de la Universidad Nacional de la Patagonia. La conferencia comenzó con un recorrido de la situación actual de Latinoamérica, exponiendo la situación de la niñez en las calles de las grandes urbes, el abandono, la pobreza, la violencia hacia los pobres y los pueblos originarios, las guerras de baja intensidad y la constante amenaza que significa para nuestros pueblos la militarización, las nuevas bases de Estados Unidos en nuestro continente y la reactivación de la lV flota con el claro fin de controlar los llamados “recursos naturales”, entre otros temas. Luego analizó la situación actual de nuestro país, destacando el despojo que significa la megaminería que se quiere implantar en el territorio nacional y en especial en nuestra provincia, con un gobierno que quiere abrir las puertas a estos proyectos que traen la devastación de los recursos, la contaminación de las aguas y el éxodo de las poblaciones que se ven avasalladas en sus derechos. Ante esta situación llamó a la sociedad a unirse para defender un derecho que es de los pueblos y evitar que las empresas mineras contaminen las aguas y devasten los recursos.
A pesar del panorama sombrío que plantean todas estas situaciones, Pérez Esquivel resaltó el valor de la esperanza que representa la resistencia de los pueblos de Latinoamérica, e instó a trabajar en la creación de conciencia crítica entre los jóvenes para poder aprender a construir la democracia, “que significa derecho e igualdad para todos y no para algunos”. Advirtió que no hay fórmulas ni recetas para lograrlo, que simplemente es una práctica de vida. Posteriormente, en un enriquecedor debate y discusión que se dio con el público presente, que con sus opiniones y preguntas pusieron el condimento necesario para hacer mas intensa la charla, los participantes pusieron como ejemplo de resistencia contra estos proyectos extractivos, al pueblo de Esquel, que demostró que unido, organizado e informado y con una conciencia crítica desarrollada, pudo decirle no a la megaminería contaminante. Ante esto el Nóbel de la Paz destacó “que uno plantea los problemas, pero hay muchos signos de esperanza y mucho trabajo realizado” y puso un ejemplo que fue muy gráfico: mostrándonos la mano abierta nos preguntó: ¿Saben lo que esto? Luego mostrando un dedo dijo que necesitaba de uno de ellos para rascarse la cabeza, y que para tomar algo debía juntar a los cincos “porque juntos son una fuerza”. Pero para trasladar la mesa que se encontraba allí nos aclaró: “solo no puedo, necesito pedirles a ustedes que sumen su mano a la mía y esto sucede cuando sabemos que podemos actuar y transformar la realidad” De esta manera sencilla, nos ejemplificó la fuerza de la unión entre las personas y su correlato en los muchos movimientos transformadores que había tanto en Argentina como Ecuador, y también en Bolivia con sus campesinos e indígenas que habían llevado a Evo Morales a gobernar aquel país, por ejemplo. Mencionó también su activa participación junto a la Academia de Ciencias de Venecia en la creación de “Una Corte Internacional del Medio Ambiente para la protección de la salud del hombre, del planeta tierra y de sus ecosistemas” que tipificaría a los delitos ambientales intencionales como crímenes contra la humanidad.
La conferencia en Trelew se desarrolló por espacio de dos horas aproximadamente, para luego trasladarnos a Puerto Madryn donde presentaría la obra que lo trajo a nuestra provincia: el Vía Crucis Latinoamericano. Una vez allí, brindó una conferencia de prensa a los medios presentes en el hotel donde se alojaba, en la que resaltó las ideas acerca de su lucha por los derechos humanos y del medio ambiente. Compartió unos momentos con integrantes del foro pertenecientes a las comunidades Mapuche Tehuelche. Los Pueblos Originarios pusieron al tanto a Esquivel de los temas de relevancia que están padeciendo: como los desalojos violentos y la carencia de una participación activa en las decisiones del gobierno provincial sobre la tierra, la falta de una coordinación gubernamental basada en la pluriculturalidad y plurinacionalidad, como así también la contaminación, la afectación de la minería y la falta de una representación en las instituciones por gente que pertenezca verdaderamente a las comunidades.
El vía Crucis Latinoamericano
Caminar junto a los pueblos
La obra que el Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel presentó en Puerto Madryn surgió por encargo de la Conferencia Episcopal Alemana, Misereor, al cumplirse los 500 años de la conquista de América. Razón por la cual Pérez Esquivel pintó 15 paños que muestran las distintas estaciones del Vía Crucis desde la mirada de la problemática latinoamericana. En una excelente realización de video creada por el artista visual Juan Varni y la genial creación musical de la compositora Amanda Guerreño, que introdujo los ritmos y sonidos representativos de la América indígena. Cada paño representa cada estación del Vía Crucis, la voz de Adolfo actúa como disparador y junto a la elocuencia de las pinturas, la música y la edición con distintas imágenes que complementan a los paños nos lleva a recorrer los principales dramas de América Latina: el hambre, la guerra, la represión, las desigualdades sociales, las dictaduras, los niños de la calle y los graves problemas medioambientales pintan un fresco que emociona con elocuencia y sensibilidad. Así, por ejemplo, en la 1ra estación en la que Jesús es condenado a muerte, la pintura de Pérez Esquivel nos conecta con el tema de los Derechos Humanos. En la 9na estación, por citar otra, donde Jesús es marginado y golpeado, el tema relacionado son los niños de la calle en América Latina, donde podemos apreciar a través de esta bellísima pintura a un Jesucristo en alguna calle, que puede ser cualquiera de las grandes urbes latinoamericanas junto a los niños marginales. Esta obra sacude nuestra conciencia y nos lleva a un estado de introspección que indaga en nuestra condición humana, y nos lleva preguntarnos, cuanto hacemos o dejamos de hacer, o cuanto miramos para un costado, en estos, los grandes dilemas humanos que golpean especialmente a los pueblos de nuestro continente.
Posteriormente a la obra se conformó un panel de invitados integrado por los tres creadores del “Vía Crucis Latinoamericano”, dos voceros de los Pueblos Originarios Mapuche Tehuelche, el abogado del Foro Ambiental y Social de la sede Trelew y la coordinadora de la cátedra de Pueblos Originarios de la UNPSJB. El público presente pudo hacer preguntas que fueron contestadas por los panelistas en un interesante intercambio donde se ampliaron conocimientos sobre la obra presentada, derechos humanos y la problemática ambiental y minera, entre otros.
Por la noche despedimos a Pérez Esquivel con una cena compartida entre los integrantes del Foro Social y Ambiental de la Patagonia, donde pudimos escuchar un poco mas sobre las vivencias de este hombre que ha entregado su vida a la lucha por la construcción de un mundo posible para todos, con paz, con esperanza y con fe. Es de esperar que su enseñanza y su ejemplo nos ayuden a continuar en este camino común que compartimos.